Frente a un escenario donde el 70% de los argentinos comprende qué es la inteligencia artificial, pero solo el 51% logra identificar qué servicios cotidianos la utilizan, la industria enfrenta una marcada “brecha de visibilidad”. Para Federico Barallobre, Marketing SVP de MODO, la respuesta no pasa por encandilar con promesas futuristas, sino por integrar la tecnología de forma tan natural que resulte casi imperceptible.
“Creo que el desafío es dejar de comunicar la inteligencia artificial como una tecnología en sí misma y empezar a comunicar qué problema resuelve y qué valor genera”, explica el ejecutivo.
En MODO, la adopción de IA obedeció a un eje de negocio antes que a un impulso coyuntural: “La adopción de IA no respondió a una moda ni a la incorporación de una herramienta puntual, sino a una decisión estratégica de negocio. Primero trabajamos puertas adentro para mejorar productividad, calidad y velocidad, y después trasladamos esa capacidad a nuevas experiencias para los usuarios”.
Este enfoque pragmático ya muestra resultados tangibles dentro de la organización. En áreas transversales como marketing, diseño, legales, UX y producto, la implementación de herramientas de IA permitió liberar más de 30 horas mensuales por equipo, enfocadas exclusivamente en la optimización, armado y ejecución de campañas. Para el ejecutivo, la métrica del éxito radica en la invisibilidad funcional: “La IA tiene que ser casi invisible para el usuario en el mejor sentido. Si la persona siente que algo funciona mejor, más rápido y de manera más personalizada, el objetivo está cumplido, aunque no necesariamente sepa qué tecnología hay detrás”.
Confianza y madurez: la seguridad como eje estructural del producto
Frente a los datos que revelan una actitud reservada en el mercado local —con niveles prácticamente equivalentes de entusiasmo (43%) y nerviosismo (44%)— Barallobre descarta interpretar la postura del usuario argentino como una barrera o un sesgo defensivo. Por el contrario, la define como un indicador de evolución del ecosistema.

“Yo no lo plantearía necesariamente como una barrera, sino como una señal de madurez del consumidor. En Argentina hay una mirada muy atenta sobre la tecnología, especialmente cuando entra en ámbitos sensibles como las finanzas. Y eso nos obliga a ser mucho más rigurosos en cómo innovamos y cómo comunicamos”, señala el directivo.
En ese sentido, la construcción de reputación e intangibles en el sector bancario y de medios de pago exige abandonar los discursos abstractos: “La confianza no se construye diciendo que una tecnología es segura. Se construye mostrando cómo funciona, qué controles existen y qué lugar sigue teniendo la persona en la decisión”. Bajo esta premisa, la seguridad deja de ser un atributo de comunicación externa para integrarse en la arquitectura del servicio: “Es un punto central porque en MODO la seguridad y la confianza no son atributos adicionales de la experiencia, sino parte del producto”.
Hacia la era de los pagos agénticos: menos fricción y más tiempo humano
El recorrido de MODO hacia entornos de IA conversacional e interactiva tuvo un hito fundacional con su integración a ChatGPT, permitiendo a los usuarios consultar de forma directa y personalizada las promociones y beneficios vigentes dentro del ecosistema. No obstante, el mapa de ruta proyecta un cambio de paradigma hacia los llamados “pagos agénticos”, donde los agentes inteligentes evolucionarán de dar recomendaciones a ejecutar transacciones a nombre del usuario.
Para abordar esta transformación, la compañía sostiene un marco estricto de gobernanza que incluye límites definidos, autenticación avanzada y tokenización para prevenir bots maliciosos. “En un escenario de pagos agénticos, la persona tiene que poder definir previamente qué puede hacer un agente, bajo qué condiciones y con qué límites. El objetivo es que incluso en un escenario donde algunas decisiones estén automatizadas, la persona siga teniendo el control sobre su dinero”.
En última instancia, la propuesta de valor busca priorizar el tiempo y la simplicidad del cliente por encima del despliegue técnico. “Nuestra filosofía es que la tecnología tiene que resolver una necesidad concreta y no al revés. La lógica es que la tecnología haga que el usuario tenga que hacer menos, no que tenga que aprender más”, reflexiona Barallobre y concluye: “La tecnología no tiene que ser protagonista de la experiencia. Tiene que mejorar la experiencia. Si pensamos en el impacto humano de todo esto, es bastante concreto: menos pasos, menos fricción y más tiempo para las personas. La innovación tiene sentido cuando logra eso”.



