Por Carlos Quintero, Vicepresidente Ejecutivo, Marketing y Comunicación, Mastercard América Latina y el Caribe.
Los latinoamericanos cuentan hoy con una amplia gama de opciones para realizar pagos digitales: tarjetas, dispositivos inteligentes, transferencias, criptomonedas, entre muchas otras.
A muchos de ellos les tomó décadas dejar el efectivo, confiar en las entidades bancarias y transferir dinero a sus seres queridos por canales digitales.
Podemos decir con certeza que el acceso ya no es el problema; sin embargo, el uso cotidiano, sí.
El 89% de los consumidores en América Latina y el Caribe ya es usuario digital, de acuerdo con la más reciente encuesta de Digitalización e Inclusión Financiera de Mastercard, realizada en marzo de 2026 en 10 países de la región. La batalla por el acceso está prácticamente ganada, pero una nueva brecha ha tomado su lugar: la brecha del uso.
Aunque el 81% de los latinos confía en los pagos digitales y el 83% se siente más seguro cargando menos efectivo, el 59% todavía usa efectivo al menos una vez al mes, no por desconfianza, sino porque el ecosistema aún no se lo permite en todos los contextos. El 87% desearía que más comercios aceptaran pagos digitales.
El consumidor está listo, pero el mensaje debe cambiar. Y ahí reside una oportunidad de marketing invaluable.
En la industria nos hemos dado cuenta de que ya no tiene sentido comunicar qué son los pagos digitales ni por qué usarlos. El consumidor lo sabe. Lo que mueve el comportamiento ahora es diferente: emociones cotidianas, valor tangible, seguridad y control.
Como marca, nuestra misión es crear ese hábito de uso, desde el instante en que alguien duda entre sacar el efectivo o pagar con su tarjeta. Esa fracción de segundo es donde se gana o se pierde la batalla del comportamiento. El marketing que entiende esto deja de hablar de funcionalidades y empieza a hablar de momentos: el mercado del sábado, el pago del almuerzo, la transferencia que evita un viaje innecesario al banco.

Débito: motor de la inclusión
Con este panorama, la tarjeta de débito es el punto de partida ideal: el 60% la usó en los últimos seis meses, posicionándola como el método digital más utilizado en la región. Para millones, no es solo un medio de pago, es su primer y más constante vínculo con el sistema financiero formal.
En Latinoamérica y el Caribe encontramos una audiencia activa, receptiva y que todavía confía mucho en el efectivo como medio de pago. Un error frecuente en la comunicación financiera es plantear los pagos digitales como opuestos al efectivo. La conversación no va por ahí. El verdadero obstáculo es la fricción: el comercio que no tiene terminal, la app que falla, el proceso que se siente complicado.
En Mastercard trabajamos para eliminar esa fricción y comunicar los beneficios al consumidor. Cuando una marca logra que su solución se perciba como la opción más simple, segura y natural en el momento de pago, ya ganó. No porque convenció a alguien intelectualmente, sino porque le facilitó algo emocionalmente.
Abrir las “Puertas” al valor cotidiano
Este enfoque es precisamente el que impulsa nuestra plataforma “tu puerta de acceso”. Porque cuando hablamos de inclusión financiera, no hablamos solo de pagos, sino de todas las posibilidades que se abren.
Cada transacción es mucho más que un intercambio, es una puerta que se abre a: mayor conveniencia, seguridad y protección, acceso a oportunidades que mejoran la vida y el comercio diarios.
Con “tu puerta de acceso”, buscamos cambiar la conversación: pasar de ver los pagos digitales como una herramienta, a entenderlos como un habilitador de experiencias y beneficios que realmente importan. Y esto cobra especial relevancia para los usuarios de débito, que utilizan sus tarjetas en las categorías más esenciales del día a día.
Cuando los pagos digitales funcionan de manera fluida en esos momentos, no solo reemplazan al efectivo, sino que generan confianza, refuerzan hábitos y crean valor real y sostenible.
El verdadero giro estratégico está en dejar de vender transacciones y empezar a comunicar lo que esas transacciones hacen posible: el negocio que creció, la familia que organizó mejor sus gastos, la tranquilidad de no depender del efectivo, la sensación de control sobre el dinero propio.
Las personas no adoptan tecnología. Adoptan lo que esa tecnología les permite sentir y lograr: la pequeña vendedora expandiendo su negocio, al estudiante que paga su mensualidad sin salir de casa o la familia que llega a fin de mes con las cuentas claras.
Cuando los pagos digitales se vuelven invisibles, completamente integrados en la vida diaria, el marketing habrá cumplido su misión más importante: no explicar una herramienta, sino transformar un comportamiento.



