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Troll centers y hate speech: anatomía de la desinformación en la era algorítmica

En la era digital, la verdad ha perdido su monopolio. Hoy, en el vertiginoso ecosistema de las redes sociales, ya no importa necesariamente qué es verdad, sino quién logra que su verdad circule más rápido. Como investigadores en el cruce de la tecnología y la política, nos enfrentamos a un nuevo paradigma: la Cybercracia, una etapa donde los algoritmos no solo median nuestras decisiones de consumo, sino que reconfiguran las estructuras mismas del poder y la democracia.

A continuación, diseccionamos la anatomía de esta nueva guerra digital, basándonos en nuestros últimos estudios sobre troll centers, discursos de odio y la manipulación algorítmica.

De la comunicación institucional a la “comunicación gaseosa”

Hemos abandonado los modelos tradicionales de comunicación unidireccional y estable (Shannon & Weaver o Habermas) para adentrarnos en lo que denomino Comunicación Gaseosa. Al igual que un gas, la desinformación moderna se expande sin límites ocupando todos los espacios posibles, es volátil y extraordinariamente difícil de contener.

En este entorno, un rumor falso puede instalar la agenda pública en minutos y desaparecer al día siguiente, dejando tras de sí un daño reputacional o político irreversible. La toxicidad es a menudo invisible al inicio, pero sus efectos sociales son profundos.

La máquina de la desinformación: bots vs. trolls

Para comprender este fenómeno, es vital distinguir las herramientas tácticas que operan en el terreno. En Reputación Digital, utilizamos modelos de Machine Learning (como XGBoost) para clasificar el comportamiento de los usuarios en tres categorías críticas:

  1. Bots (la infantería automatizada): son sistemas basados en código o IA que ejecutan tareas repetitivas. Su objetivo no es debatir, sino escalar métricas y amplificar mensajes artificialmente.
  2. Trolls (los agitadores estratégicos): son usuarios humanos, a menudo operando múltiples cuentas coordinadas. Publican contenido polarizante, memes y noticias falsas (fake news) para manipular la conversación. A diferencia del bot, el troll entiende el contexto y busca la reacción emocional.
  3. Usuarios orgánicos: personas reales con motivaciones genuinas y comportamientos heterogéneos.

Nuestros análisis de detección, como el sistema Botmeter, revelan que en conversaciones políticas polarizadas, el nivel de automatización y coordinación puede llegar a saturar el debate público, desplazando a las voces orgánicas.

Estudio de caso: el ecosistema digital libertario

Un ejemplo paradigmático de esta nueva ecología es la estructura de apoyo digital observada en torno a figuras como Javier Milei en Argentina. A través del análisis de grafos y comunidades, hemos identificado una división del trabajo digital altamente sofisticada:

  • Comunidad de barricada (Trolls): militancia digital de base. Su función es el ataque directo, el uso de memes y la confrontación emocional contra la “casta” o el adversario de turno.
  • Comunidad libertaria/mediática: el núcleo oficial que amplifica la agenda del líder y sus apariciones en medios.
  • El “barniz técnico” (economistas/periodistas): cuentas que validan el relato político con datos técnicos y financieros, otorgando legitimidad discucrsiva a la narrativa emocional.
  • Infantería digital (mix bots/militancia): microcuentas dedicadas a retuitear masivamente para posicionar hashtags y generar tendencias artificiales.

El poder de la emoción sobre la razón

El hallazgo más inquietante de nuestra investigación es que el poder ya no reside en tener la razón, sino en controlar qué emoción va a sentir la gente mañana. Las batallas digitales las están ganando quienes mejor entienden al algoritmo, el cual privilegia el contenido que genera reacciones viscerales: el Hate Speech y la polarización extrema.

En este contexto, conceptos como “guerra”, “lucha” o “corrupción” se convierten en nodos bisagra que ambos bandos utilizan para encuadrar el debate como un conflicto existencial, eliminando la posibilidad de consenso.

El desafío de la democracia algorítmica

Estamos ante una erosión de las estructuras tradicionales de representación. La autoridad se desplaza de las instituciones hacia las plataformas y sus lógicas de visibilidad.

Para los profesionales del marketing, la política y la comunicación, el mensaje es claro: la desinformación ya no depende solo de la falsedad del contenido, sino de su capacidad de circulación algorítmica. Entender esta anatomía —quién es el bot, quién es el troll y cómo se estructura la red— es el primer paso para navegar y sobrevivir en la era de la Cybercracia.

Por Dr. José Norte Sosa, Director y Fundador de Reputación Digital y experto en Big Data e IA. Fue miembro Junta Directiva de SAIMO

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