En el mundo del marketing y los negocios, la narrativa suele centrarse en los premios, los ascensos y los casos de éxito rotundo. Sin embargo, para Carolina del Hoyo, Regional Marketing Director de Fratelli Branca, esa es solo la superficie. En una charla honesta y profunda con Julia Lois, Chief Marketing Officer de Zonda Bitcoin Capital, para el ciclo “Lado B”, de Masters of marketing, el podcast de MMA, la directiva invita a mirar lo que hay debajo: “La gente se queda con la foto de éxito y en realidad es nada más la cima del iceberg. Lo otro es lo rico”.
A menudo, las carreras no son trayectorias lineales ni perfectas. Detrás de los logros hay “mucho callo”, tensiones e incomodidades que terminan siendo los verdaderos motores del desarrollo personal. Para Carolina, el aprendizaje más profundo no vino de una campaña premiada, sino del momento en que pudo poner un freno a la inercia del crecimiento corporativo. “Fue de mucho aprendizaje el momento donde pude decir hasta acá, donde pude decir ‘así no'”, confiesa, reconociendo que, para alguien acostumbrada a complacer y subir a todos los desafíos, ese “no” fue un cambio tectónico en su vida.
“En el límite está la potencia”
La transición de Carolina no fue sencilla. Venía de una racha de ascensos y exposición, pero en la intimidad de su reflexión, la plenitud estaba ausente. Fue una frase de su psicóloga la que marcó un antes y un después: “En el límite está la potencia”. Al poner ese límite, se encontró en un terreno desconocido, sin el horizonte claro al que estaba acostumbrada como persona “resultadista”.
Este vacío, sin embargo, se convirtió en un espacio de creación. Al no tener una meta externa inmediata, Carolina tuvo que volver a las preguntas fundamentales: “¿Qué sé que sí y qué siento que sí? ¿Con quién quiero trabajar? ¿En qué contexto? ¿Qué virtudes quiero desarrollar? ¿Cómo me quiero sentir?”. Esta introspección le permitió entender que, aunque uno crea que piensa su vida, muchas veces es “pensado” por mandatos sociales o inercias externas. En ese proceso de reconstrucción, descubrió que donde uno pone el foco, crece la vida.
El muro, la pandemia y el aprendizaje en la dificultad
Hubo un periodo, coincidente con la pandemia, donde Carolina sintió que, a pesar de su esfuerzo descomunal, nada fluía. “Estaba 24/7 laburando como una bestia, no salían las cosas, todo muy heavy”. Describe esa etapa como un choque constante: “Parecía que estaba frente a una pared gigante y no veía la salida”.
En lugar de forzar la situación, empezó a interpretar estas trabas como señales. Una maestra espiritual le dio una clave que hoy resuena en su filosofía: “Las dificultades son la medida de tu potencial. Cuanto más grande es el problema es que vos estás para estar ahí arriba”. Ese “gap” o abismo entre la situación actual y la deseada es, según Del Hoyo, el tamaño del destino que a uno le espera. Lo que inicialmente parecía una pared, en retrospectiva, fue primero un peldaño y luego una escalera que ella había intentado esquivar hasta que se volvió ineludible.
Como es adentro, es afuera: la física cuántica del liderazgo
Una de las reflexiones más disruptivas de Carolina tiene que ver con la conexión entre el mundo interno y la realidad manifiesta. “Como es adentro es afuera”, afirma con convicción, un concepto que profundizó a través de la física cuántica y la biodecodificación. Utiliza la metáfora de un visor de diapositivas antiguo para explicarlo: “Si tu realidad es como si te pusieras eso acá, proyecta lo que está dentro”.
Para ella, la realidad bizarra y dura que vivió en ciertos momentos era una proyección de sus propias creencias, especialmente la de que el éxito requiere sacrificio y dolor. “Tenía esa creencia equivocada de que el laburo cuesta, del sacrificio, de que para conseguir cosas tiene que doler”. Carolina identifica que esta es una creencia muy arraigada en el mundo corporativo y especialmente en las mujeres, quienes a menudo llevan en su ADN una historia de lucha y esfuerzo extremo. “A veces pagaba por adelantado los méritos que iba a tener… tenía que demostrar lo que después ganaba”.

La relación con el valor y el dinero
En su proceso de autoconocimiento, Carolina también abordó un tabú recurrente, especialmente entre las mujeres líderes: el dinero. “Nos cuesta mucho hablar de dinero con nosotras mismas”, señala. En su reconstrucción personal, se obligó a preguntarse: “¿Cuánto quiero ganar?”, dándole a esa variable la importancia que merece frente a otras que suelen aparecer primero en el ranking de prioridades femeninas. Para ella, tener claridad sobre las aspiraciones económicas es parte de ese enfoque que luego florece en la realidad.
El liderazgo como un acto de amor y servicio
Hoy, Carolina del Hoyo entiende que su experiencia de “desarmar la vida y volverla a armar” es la base de su liderazgo. Considera que haber atravesado ese dolor y haber salido de la “creencia errada” le permite hoy realizar un “servicio de liderazgo”. Para ella, un líder que no realiza un trabajo interno constante no está cumpliendo con su función en el mundo actual: “El líder que no se trabaja no está haciendo las cosas bien en este mundo”.
Este trabajo interno le permite ahora ver con nitidez los bloqueos en los demás. “Cuando el líder puede ver más en la persona de lo que ella misma ve es un acto de amor muy grande”. Carolina se dedica a “prestar sus lentes” a quienes están atrapados en creencias limitantes, ayudándoles a ver su propia capacidad y talento. Este enfoque no solo transforma vidas, sino que, según su experiencia, deriva inevitablemente en prosperidad y resultados para todo el equipo.
Crear la propia realidad
La trayectoria de Carolina del Hoyo es un testimonio de que la vulnerabilidad y la sensibilidad no son opuestas al talento corporativo, sino sus mejores aliados. Su mayor conquista no ha sido un puesto o un premio, sino la certeza de su propio poder creador. Como ella misma le dijo a alguien que cuestionaba sus decisiones de cambio radical: “La realidad la creo yo. La realidad es lo que yo crea que va a ser, esta realidad la voy a crear como a mí se me ocurre diseñarla”.
Desde un lugar de humildad y chequeo constante de sus propias creencias, Carolina continúa liderando, convencida de que cuando tenés esa conciencia y pasaste por eso, ahí podés empezar a hacer servicio con tu propia vida y con tu propio ejemplo.
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