“Io non parlo Italiano“
Soy mago. Pero también soy comunicador y speaker. Desde hace más de 30 años diseño experiencias memorables que combinan asombro, humor y reflexión para públicos de toda América, Estados Unidos y Europa.
Hace algunos años, me llamaron del programa Tú Sí Que Vales, uno de los ciclos de entretenimiento más populares de la televisión italiana, con millones de espectadores. Me habían visto en Fool Us, en Las Vegas, el programa de magia más influyente del mundo y en el que había sido invitado un par de años atrás y querían que repitiera la misma rutina.
El productor me dijo que podía hacerla en español o inglés, con traducción simultánea. Pero sin pensarlo le respondí:
—Si quieren, lo hago en italiano.
—¿Pero sabés italiano? —me preguntó.
—No… pero lo aprendo.
En ese instante, apareció esa mezcla de vértigo y entusiasmo que surge cuando uno dice que sí antes de tener todo resuelto, pero sabiendo en el fondo que es lo correcto. Esa decisión fue un punto de inflexión. No era solo una cuestión de idioma. Era una decisión estratégica, emocional y artística.
La rutina que me pidieron es un clásico de mi repertorio. La presenté en portugués, inglés y español, pero nunca en italiano. Así que estudié, practiqué, me equivoqué… y viajé. ¿El resultado? No fue mi mejor versión, pero fue tan bien recibida que quedé finalista y volví meses después a la gran final con una rutina íntegramente en italiano.

¿El público notó los errores? Seguramente. ¿Lo disfrutó igual —o más— porque hice el esfuerzo de hablar su idioma? Estoy convencido de que sí.
De esa experiencia me quedaron dos ideas que transformaron mi forma de ver no solo el escenario, sino también los negocios, la comunicación y el liderazgo:
- La pregunta que incomoda (y que deberíamos hacernos más seguido)
¿Cuándo fue la última vez que hiciste algo por primera vez?
Esta pregunta no solo nos invita a salir de la zona de confort, sino que desafía la inercia profesional. En marketing, como en la vida, los grandes cambios no vienen de repetir fórmulas seguras, sino de animarse al “no sé… pero aprendo”.
La innovación nace ahí: cuando apostamos por lo desconocido con la confianza de que lo resolveremos. No se trata de improvisar, sino de tener el coraje de decidir antes de tener todas las certezas.
- No se trata de vos, se trata de ellos.
Podría haber hecho el show en español. Más fácil, más seguro. Pero elegí pensar en el público. En lo que ellos sentirían si un extranjero hacía el esfuerzo de hablarles en su idioma. Pensar en el otro —cliente, usuario o audiencia— no es solo un gesto empático: es una poderosa herramienta de diferenciación.
En marketing lo sabemos: las marcas que realmente conectan no son las que mejor hablan de sí mismas, sino las que mejor escuchan y entienden a su público. Adaptarse, personalizar, hacer el esfuerzo genuino de acercarse, marca la diferencia.
En resumen, esta historia no es sobre aprender italiano. Es sobre cómo, en cualquier industria, animarse a lo nuevo y poner al otro en el centro abre puertas, fortalece vínculos y genera impacto. Es una lógica que aplico en cada presentación y que invito a aplicar en cualquier ámbito: si hacés un poco más de lo esperado y lo hacés pensando en el otro, no importa si es un truco, un producto o una campaña… siempre pasan cosas buenas.
Por Daniel K, mago, speaker y showman



